Cuando tenía la vida encaminada, Laura Di Cola renunció a un trabajo estable, vendió dos anillos de oro para poder estudiar como chef y empezó a vivir de lo que siempre había amado: cocinar. Propulsora del slow food abre las puertas de su casa para recibir a sus clientes y ofrecerles platos naturales “como los de antes”

Laura, egresada de la carrera de Profesional Gastronómico en el 2004  vivió una transformación absoluta cuando decidió dedicarse a cocinar. Su cambio fue progresivo pero definitivo para su familia, sus vecinos y amigos, y ahora para los clientes de su restaurant secreto.

“Cuando llegó a los 35, ya madre de dos, se decidió a dar el gran paso y se anotó en la carrera de cocina del Instituto Argentino de Gastronomía (IAG). “Sin trabajo no tenía cómo pagarla, entonces vendí dos anillos de oro y con eso pude cursar las primeras materias. A los tres meses de la cursada, empecé con un mini catering desde casa y en paralelo di clases de inglés, que me permitió recibirme”.

“Soy alguien que se animó a dejar todo para convertir mi pasión en mi oficio y mi trabajo. Y resigné mi estatus social por vivir cocinando: sencillo y casero”

La última materia de la carrera la rindió con su hija enferma: “Fue un caos, unos nervios, a pesar de eso me saqué un 10”. Una lindísima nota de Camila Hernández Otaño para Infobae, que nos narra la apasionada historia de Laura quién no perdió nunca los sabores de la niñez, ni las vivencias en el campo con sus abuelas.

“Los aromas de su infancia nuevamente poblaron su casa. Y Laura supo que no se había equivocado: “Nunca es tarde para cambiar de vida”.

Entonces quiso más. Hace un mes abrió Secreto, “un restaurante clandestino”, como lo define, para recibir a pocos comensales en su propia casa “y poder hacerlos disfrutar de cada plato preparado especialmente para ellos”.

“Hago mis propias levaduras, condimento con lo que cultivo, que no sólo es más sano sino que es más rico porque están frescos”

Laura no se pone el delantal ni el gorro de cocinera, y usa la vajilla de todos los días para recibir a sus comensales. “Les comparto mi mundo. Los mimo. Todos los platos son personalizados, no repito recetas, porque básicamente voy improvisando”.

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