Testimonios hoy…Jimena Parra

12.10.2015

Cuando, en mayo del año pasado, elegí anotarme en el IAG había estado comparando programas de estudios de otros institutos. Ya había podido apreciar el gran equipamiento y distribución de las aulas durante el 2010, cuando asistí a algunas clases del curso de las Bases de la Pastelería (al que después tuve que dejar porque estaba fracturada de un pie y era incómodo y doloroso estar tanto tiempo parada sin apoyar la bota). Me había terminado de convencer la idea de una formación teórica fuerte que acompañaba a la práctica. Iba a empezar Pastelería Profesional, porque sabía que la carrera de Profesional Gastronómico implicaba el doble de tiempo y me asustaba no poder finalizar.

El día de la inscripción fui con mi hija más chica, de sólo 6 meses. Mi familia estaba contenta por mi elección, pero sé que nadie estaba convencido de que pudiera o quisiera terminar -aunque sólo fuese un año- porque con dos hijas chicas y viviendo a 45kms iba a ser difícil.
Sí que lo fue! Falté muchas veces en mi casa, dormí mal, me costó encontrar espacio para estudiar toda esa teoría que tanto me atraía del plan de estudios. Se me complicaba elegir horarios para ir a las prácticas libres, tenía que salir volando de los seminarios para llegar de nuevo a buscar a mi hija al colegio… encontrar lugar para estacionar era una pesadilla y la grúa mi “archi” enemigo.

Pero, desde la primera clase, no podía creer como algo que hasta entonces me parecía divertido como un hobbie, estaba abriéndome la puerta de la vocación.
Clase tras clase, materia tras materia, encontré docentes y ayudantes que respondían a todas y cada una de mis preguntas (muchas, ¿demasiadas quizás?) y me ofrecían material para bucear, aprender y alimentar la curiosidad. La pastelería era mucho más que un Lemon Pie, pero yo había comenzado casi sin saber de qué se trataba. Allí comencé a ver que todo lo nuevo que aparecía ante mí, me atraía fuertemente. Las técnicas, la historia, la evolución, la química.


 

Y el punto de inflexión, fue la creatividad. Ah! ¡Se podía aplicar la creatividad! De pronto, comenzando Pastelería Superior, escuché y vi claramente que las estructuras desaparecían y estábamos listos para ver cómo todo podía inventarse y reinventarse las veces que uno quisiera y pudiera. ¡Me volví loca! Cada clase demostrativa me pinchaba, me hacía trabajar la cabeza. Mientras veía lo que pasaba en la mesada, por el espejo a 45º, mi mente volaba imaginando alternativas. ¿Era un sueño?
Así que buscaba material para leer, mirar, apreciar, modificar. ¡Nunca había un fin!
Debo confesar que hubo clases en donde lo que vi o escuché de la historia me emocionó demasiado, tanto que tuve que disimular lágrimas. Escuché de exámenes en los que reconstruían cuadros, vi postres en los que se reflejaban tragos, tortas que hablaban de guerras míticas! Tenía que ser un sueño…

Hasta mayo del año pasado yo era administrativa de contratos y licitaciones en el área de pre y post venta de Telefónica Empresas, el segmento top de la compañía de telecomunicaciones multinacional. Antes de eso fui secretaria de dirección para el mismo segmento. Antes, secretaria de directorio en la administradora bursátil de Banco Piano. Hasta mayo, iba al trabajo y no veía la hora de volver a casa, para conectarme con lo emotivo, lo creativo, la familia y lo interno… lo mío. No imaginaba poder amalgamar lo laboral con mis momentos de diversión o mis aficiones.

En 12 meses, éstos últimos, todo se me reveló. La plenitud de encontrar algo tan intenso, algo de que trabajar y a la vez saber que cada minuto dedicado es una ganancia… no económica sino personal!
Estoy sumamente agradecida; mi vida cambió para siempre. Tengo una profesión-vocación y en este proceso de revelado mucho sucedió en Montevideo 968.
Conocí gente maravillosa, tuve compañeros de diferentes lugares geográficos y con diferentes inquietudes. Me senté en hermosas aulas con equipamiento que no se ve en otras escuelas o institutos del país. Jamás tuve inconvenientes administrativos, siempre me atendieron telefónica y personalmente con la mejor predisposición. Participé en el "detrás de escena" de un seminario alucinante, y fui alumna de un montón de otros seminarios fascinantes. Leí muchísimas historias de ex alumnos, todos muy bien formados y tantos exitosísimos!

¡No me quiero ir! Quisiera quedarme atrapada un tiempito más en estas últimas 2 semanas en las que, con mis compañeros -mi partenaire de examen y mis otras dos compañeras de equipo- disfrutamos probando recetas, armando árboles de familias de ingredientes, eligiendo moldes y utensilios, intercambiando cosas para degustar, ajustando ingredientes! Al mismo tiempo, siento una descompresión enorme. Ya rendimos. Obtuvimos la calificación para la que trabajamos con tanto esmero.
Jamás voy a olvidar ese consejo, en un momento crítico en el que pensé que no iba a poder terminar, que me animó a dar al máximo mi esfuerzo.

Gracias a todos Uds. quienes hicieron posible que hoy me sienta tan afortunada. Cada segundo invertido valió y valdrá siempre, oro.
Sin ninguna duda, una de las mejores elecciones que hice en mi vida ha sido subir esas escaleras e integrarme a la comunidad del Instituto Argentino de Gastronomía.

Jimena Parra
Carrera de Pastelería Profesional – Egresada Agosto 2013