Yo era la que preparaba las tortas de cumpleaños de la familia y también las galletitas para los viajes de estudio de la escuela de Luján. Pero, cuando llegó el momento de decidir que iba a estudiar…dudé. Entonces, hice un año de Trabajo Social y llegando a la mitad de la cursada decidí que lo mío iba por otro lado. Así que viajé a la Capital y empecé a visitar colegios de cocina. No me costó nada decirme por el IAG. Había algo en el ambiente y las instalaciones que me convencieron inmediatamente, fue amor a primera vista.

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