Liliana Numer

12.10.2015

Cuenta que a su marido le habían asignado una misión comercial-institucional en Alemania y entonces, sin dudarlo, toda la familia armó las valijas para acompañarlo y comenzar una nueva vida en el viejo continente.

Durante esos dos años en Alemania, dice Liliana Numer, chef ejecutiva y propietaria del Restaurant Sirop y Sirop Folie, tuvo la oportunidad de viajar y darse cuenta que, de todo lo que ofrecía Europa, lo que más la atrapaba era la gastronomía.

“La historia es así: siempre cociné rico, pero sentía que necesitaba saber el cómo y el por qué de la cocina, es decir, el know-how de la gastronomía”, confiesa como buceando en aquellos días en que la curiosidad y las ganas de aprender la llevaron a descubrir su vocación.

En Europa, dice sin vueltas, comenzó a viajar y su cabeza se abrió a un mundo nuevo de sabores, idiomas, olores, costumbres y rituales. Entonces, asegura, se despertaron todos sus sentidos: “En general, entendía bastante las cartas de los restaurantes de los distintos países. Me resultaba bastante fácil comprender el vocabulario gastronómico”, explica.

Y entre risas, cuenta una anécdota de aquellos primeros tiempos: “Cuando llegábamos a un restaurante, obviamente, mi familia siempre me pedía que los orientara con el menú. Ellos notaban que yo siempre pedía platos que resultaban destacados. Pero además, se daban cuenta de que acertaba en la elección del menú. Entonces un día estábamos sentados en un restaurante y, luego de haber hecho el pedido de todos, una de mis hijas dice: ‘Ahora presten atención al plato que le traen a mamá porque en cualquier momento va a salir un mozo y payasitos haciendo piruetas para acompañar su plato’. ¡Nadie pudo aguantar la carcajada!”, dice con una sonrisa contagiosa.

Y de esos viajes recuerda cada carta, cada detalle y cada historia como si estuviera repitiendo una vez más esas vivencias. Dice que una vez, en Ámsterdam, vio que un comensal tenía junto a su mesa una mesa auxiliar llena de platos y fuentecitas con sus correspondientes tapas. “¡Era una platería divina! Te juro que cuando vi esa mesa bellísima armada de esa manera, pensé inmediatamente: ‘¡Yo quiero eso!’. Pero no lo podía decir porque me mataban, ni tampoco quería preguntarle al mozo. ¿Sabés que hice? Traté de interpretar desde la carta cuál podía llegar a ser ese plato. Entonces lo pedí y… ¡Si! ¡Me trajeron la petit mesa con todo eso! Imaginate la risa de mi familia”, dice Liliana del otro lado del teléfono mientras se prepara para comenzar un nuevo día en Sirop, el local que abrió en 2001 como pastelería y, poco tiempo después, transformó en restaurante.

Y confiesa que no todo los platos que degustó eran deliciosos, y que tampoco recuerda con precisión el nombre de esos menúes. “Tendría que hacer una investigación –reflexiona-, porque ahora que adquirí conocimientos debería saber qué fue todo lo que comí y todo lo que no pude llegar a comer, obviamente. Sin embargo, todas estas cosas me hicieron sentir que la cocina era lo mío”, dice con voz suave, segura, y una felicidad que fluye tan natural como sus recuerdos.

 

En Europa descubrió el IAG
“En una ocasión, todavía vivíamos en Alemania, nos visitaron unas amigas de mis hijas y una de ellas me habló del IAG. Me acuerdo que en cuanto regresé a la Argentina, me anoté. Como te dije antes, mi cabeza a la gastronomía se abrió en Europa, pero el IAG me dio la posibilidad de formarme para entender todo lo que había visto, todo lo que había probado en tantos viajes por Europa”, cuenta sobre sus primeros pasos en la carrera de Profesional Gastronómico que cursó en el Instituto.

Y dice que ese mismo año tuvo una oportunidad única: Viajó con profesores del IAG a L' École Lenôtre, en París, para hacer un curso de perfeccionamiento en chocolate. “¡Fue una experiencia increíble! ¡Viajamos un grupo de alumnos con Ariel Rodríguez Palacios y Osvaldo Gross, nada menos!”, recuerda emocionada. Liliana asegura que tuvo la suerte de tener excelentes profesores y que todas sus expectativas fueron cubiertas.

-Después de todo lo que viviste, ¿qué le dirías a alguien que recién comienza a estudiar gastronomía?
-¡Les aconsejo practicar, practicar y practicar! Empezar a cocinar con simpleza y humildad y dejar piruetas y fusiones exóticas para más adelante, cuando su estilo y paladar estén más formados. Y recordar que es un trabajo duro, de esfuerzo, observación e investigación.
-Muchos estudian gastronomía por un fuerte deseo de viajar…
-Creo que estudiar gastronomía sólo para viajar y conocer el mundo no es el objetivo que se debe plantear alguien para empezar la carrera. Ahora, si la vocación es realmente fuerte y están dispuestos a horas de arduo trabajo, entonces sí pueden pensar en la gastronomía como un puente para cruzar fronteras y tener un mayor contacto con un mundo fascinante.

 

Sirop y Comidas sobre ruedas
Cuando abrió sus puertas, en plena crisis de 2001, Sirop funcionaba como pastelería. Liliana cuenta, sin entrar en detalles, que diferentes situaciones la llevaron a convertirlo en restaurante. “Este año cumplimos nueve en Sirop y cuatro en Folie. Abrí Sirop junto con Pía, una de mis 4 hijas. Desde entonces todas ellas estuvieron presentes cubriendo distintas áreas del restaurante. Actualmente, sólo estamos Agustina y yo al frente de los dos locales”, explica.

Y cuenta que en Sirop, una tarde nació una bellísima idea: “Hace unos años Emilia, otra de mis chicas, quien actualmente reside en África dedicada a tareas de acción social, se reunía con un grupo de amigos a cocinar y a comer en Sirop el día en que estaba cerrado por descanso. Como les sobraba comida decidieron partir con un paquetito cada uno y entregárselo a algún necesitado en el camino de regreso. Al ver la aceptación que tuvieron, empezaron las reuniones semanales para cocinarle viandas a la gente que vive en la calle. Eso duró todo un verano, hasta que debieron suspenderlo porque hicimos cambios de horarios en el restaurante y no disponían de la cocina”, cuenta.

Y enseguida da la buena noticia: “Hace un año Agustina decidió reflotar la idea, aprovechando la noche en que Folie está cerrado. Realmente tuvo una gran respuesta de la gente y, felizmente, hoy en día Comida sobre ruedas sigue funcionando”, dice orgullosa por el proyecto solidario de sus hijas y la alegría de compartir la cocina, su gran pasión, con ellas.

 

Ana Da Costa

Numer básico
Nació en Buenos Aires, Argentina. Residió dos años en Alemana y ha realizado frecuentes viajes a Europa, Estados Unidos, Brasil y el Caribe, experiencias que le facilitaron el contacto con los principales referentes de la gastronomía local.
En 1998 egresó como profesional gastronómico del IAG. Realizó un curso de perfeccionamiento en chocolate en L' École Lenôtre, Paris y el postítulo en Arte Culinario en el IAG. Además, hizo cursos en la Escuela de Cocina de Francis Malmann, en la Escuela de Cocina de Germán Martitegui y otros en Francia y España sobre actualización en tendencias gastronómicas.
Desde hace nueve años es propietaria y chef ejecutiva de los restaurantes Sirop y Sirop Folie y, desde 2008, de Sirop Exclusive Catering, su último emprendimiento gastronómico.

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“Mi cabeza a la gastronomía se abrió en Europa, pero el IAG me dio la posibilidad de formarme para entender todo lo que había visto, todo lo que había probado en tantos viajes por el viejo mundo”.