Claudio Bulgheroni, ex alumno del IAG

12.10.2015

Mi paso por el I.A.G. fue muy fugaz; yo venía de estudiar Agronomía y Administración de Empresas, algo en lo que no encontraba la motivación necesaria. No tenía muy claro qué es lo que podía hacer con respecto a mi formación, de ahí que, haciendo un balance real de las cosas y contando con la ventaja de tener el pasaporte italiano, además de disponer de algún dinero heredado, decidí que lo mejor era formarme en algo que me permitiese viajar fuera de Argentina.

Como los viajes me lo tenía que financiar yo mismo, me pareció que la opción adecuada era prepararme para un oficio. Me gusta trabajar con las manos, por lo que la cocina se presentaba como una buena salida; siempre podría acceder a un trabajo en cualquier sitio.

Prácticamente desde el primer momento de empezar la carrera estuve dentro de la oficina de Norma (Sánchez, del Depto. de Pasantías), preguntando por las pasantías en el exterior.

Dos años después, tuve la posibilidad de viajar al País Vasco, a un restaurante tres estrellas Michellín, pringando como el que más, pero con todas las puertas abiertas; todo dependía de mí aunque, hay que decirlo, España es un parque de diversiones comparado a la Argentina.

(Tras dos meses estaba sin dinero, pero con un incipiente buen currículum, contactos, y más espabilado que al llegar; anduve como un vagabundo, pasando por los mejores restaurantes de España, acumulando estrellas Michellín; sin embargo lo único que me enseñaron fue a buscarme la vida, aunque todo suma en el tiempo...)

Actualmente ocupo el lugar de jefe de cocina en una taberna de Madrid y estoy muy contento ya que día a día aprendo muchísimo. Mi jefe es un cordobés de pura cepa (de tendencia tradicional) que cocina como nadie. La cocina postmoderna, en pleno auge y en la cual se basa casi toda mi trayectoria, ya no me llama la atención.

Luego de varios años considero que son muchas mis experiencias, y el I.A.G. me sirvió de ayuda inestimable para mostrarme el inicio del camino.

Estoy agradecido en particular a Norma Sánchez, por haber sido partícipe de hacer realidad mi ilusión: viajar. Por aquel entonces, yo era un niño grande y bastante inconsciente.