“Para mí la cocina es la vida. Ahí encuentro placer, relax, histeria, todo. En la cocina me desahogo. También hay momentos de felicidad y de bajones. Me desperté con ganas de crear algo, voy a la cocina y empiezo a dar vueltas para buscarle la rosca. Me levanté medio mal y chau, que salga todo derechito porque estoy cruzado. La cocina es mi cable a tierra y mi forma de seguir adelante”, dice el chef Rodrigo Ginzuk (de 34 años), apenas surge la pregunta durante la entrevista. Y enseguida confiesa que no sabría qué hacer si le ‘sacan’ la cocina.

Rodrigo tiene infinitas anécdotas relacionadas a la gastronomía, y también tiene imágenes muy vivas de su infancia. Las relata como si estuviese repasando un viejo álbum de fotos y de allí mismo salieran los aromas de la casa de su abuela materna. Ella era hija de italianos y siempre le decía: “Muchas manos en la cocina no”. Él, que tenía cuatro o cinco años, la miraba. Y ella cocinaba toda la mañana para que después-como dice Rodrigo-, desaparezca todo, ¿no?

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