Dice que Esperanza, la ciudad santafesina donde nació, es bastante particular. Cerca de doscientas familias alemanas, suizas, austriacas, italianas y francesas la colonizaron a principios de 1856. Entre ellas, dice mientras ceba el primer mate amargo de la media mañana, estaban los Gross.

“Mi familia es del centro de Europa: abuelos austriacos, una madre medio piamontesa que hablaba en alemán y mi papá austriaco. Pero todos hablaban alemán. ¡Una cosa más rara! Creo que ellos tenían ese espíritu, sentían que se habían venido para siempre y entonces cortaron todo lazo familiar. Eso que los Gross en Austria son como los Fernández en España, un apellido muy común. Pero no, se cortó todo vínculo, no quedó nada”, cuenta Osvaldo Gross, uno de los grandes maestros de la pâtisserie de nuestro país, director del área de Pastelería del IAG, figura del canal Gourmet y dueño de un inconfundible y particular estilo, como su ciudad natal.

 “Para mí la cocina es la vida. Ahí encuentro placer, relax, histeria, todo. En la cocina me desahogo. También hay momentos de felicidad y de bajones. Me desperté con ganas de crear algo, voy a la cocina y empiezo a dar vueltas para buscarle la rosca. Me levanté medio mal y chau, que salga todo derechito porque estoy cruzado. La cocina es mi cable a tierra y mi forma de seguir adelante”, dice el chef Rodrigo Ginzuk (de 34 años), apenas surge la pregunta durante la entrevista. Y enseguida confiesa que no sabría qué hacer si le ‘sacan’ la cocina.

Rodrigo tiene infinitas anécdotas relacionadas a la gastronomía, y también tiene imágenes muy vivas de su infancia. Las relata como si estuviese repasando un viejo álbum de fotos y de allí mismo salieran los aromas de la casa de su abuela materna. Ella era hija de italianos y siempre le decía: “Muchas manos en la cocina no”. Él, que tenía cuatro o cinco años, la miraba. Y ella cocinaba toda la mañana para que después-como dice Rodrigo-, desaparezca todo, ¿no?

Subscribe to RSS - Docentes